Hoy, mientras Doriane Pin es celebrada en todo el mundo de las carreras, merece la pena mirar atrás al camino que la trajo hasta aquí: un viaje definido por decisiones audaces, un crecimiento incansable y un primer título mundial cuya importancia va mucho más allá de un trofeo. Su ascenso cuenta la historia de una joven que nunca dejó de esforzarse, aprender y creer, que hoy más que nunca se mantiene como una Dama de Hierro: un faro para todos los que se atreven a soñar en grande.

Su historia comienza en el karting, donde rápidamente se distingue. A los 15 años, se proclamó campeona francesa de karting femenino — el primer hito en un camino que solo se intensificaría. Su debut en la Renault Clio Cup reveló a una piloto ya precisa, reflexiva y técnicamente madura. Pero fue cuando Deborah Mayer le abrió la puerta al programa Iron Dames en 2021 cuando surgió un verdadero impulso: encontró una familia, una estructura y una plataforma que le permitieron convertir potencial en resultados y sueños en una trayectoria profesional definida.
A partir de ahí, su ascenso se aceleró. En GT3 en la Michelin Le Mans Cup, pilotando con Sarah Bovy, logró podios y victorias de clase. Luego llegó 2022, una temporada definitoria: Doriane dominó el Ferrari Challenge Europe como pocos pilotos lo han hecho — nueve victorias, control total y actuaciones que imponían respeto en todo el paddock. Ese mismo año, triunfó en las 24 Horas de Spa en la Gold Cup junto a sus compañeras de armas — Michelle Gatting, Rahel Frey y Sarah Bovy — demostrando su capacidad para brillar en uno de los eventos más exigentes y prestigiosos del racing de resistencia.

Su trayectoria la llevó naturalmente a la European Le Mans Series, donde añadió más podios y victorias a su récord. Esta progresión la llevó hacia uno de los mayores retos del automovilismo: los prototipos. En 2023, se unió a Prema Racing para competir en el FIA WEC en LMP2, colaborando con pilotos de renombre como Mirko Bortolotti y Daniil Kvyat. Su adaptación fue inmediata: un podio en su debut en Sebring, la primera pole position en LMP2 para una mujer en Portimão y etapas de tal calidad que todo el paddock se fijó. Su temporada fue coronada con el premio FIA WEC «Revelación del Año» — un hecho histórico para una piloto femenina.
Al mismo tiempo, amplió su experiencia internacional compitiendo en varios eventos IMSA en Norteamérica, incluyendo las 24 Horas de Daytona — descubriendo nuevos circuitos, nuevas culturas de competición y confirmando su capacidad para destacar en cualquier entorno.

Su trayectoria, construida paso a paso, revela a una piloto de carreras completa y rigurosa — capaz de pasar del karting a los prototipos, de GT a monoplazas, sin perder nunca su pasión, su compostura ni la ambición que la impulsa. Su título en la Academia de F1 no es un avance repentino, sino la continuación natural de un trabajo profundo, deliberado y sostenido — el trabajo de una competidora que asciende por diseño, no por casualidad.
Lo que Doriane representa hoy va mucho más allá de sus resultados. Es la prueba viviente de que la disciplina puede abrir los caminos más exigentes, que el coraje puede llevar la ambición más lejos de lo esperado y que la excelencia está al alcance de quienes deciden perseguirla plenamente. Muestra a las nuevas generaciones —chicas y chicos por igual— que soñar en grande no es un riesgo, sino un comienzo. Fiel al espíritu de las Damas de Hierro, lleva esta misión con propósito: inspirar, elevar, abrir el camino.
El presente la revela; El futuro le pertenece a ella. Y detrás de ella, una nueva generación ya avanza, guiada por su ejemplo.
